Voz: José Bayona Castro
Hay momentos en la vida
Es hermoso saberme entre tu nombre, y por eso ahora duelen y sangran mis labios. Es amargo pronunciar lo que termina en nada. Vuelvo a verte, y sé que es posible que ya encierres en otro nombre tu presencia, tus miradas, la dorada humedad de tu cabello, tus manos frías. Ahora es de noche, y tu último adiós me devuelve la certeza de que ya no eres cierta.
¿Es verdad que tu boca irá deshabitándose?
No puedo imaginar que alguien te llame, allí por ese reino donde ahora enmudeces, mordiéndote los labios como lo hacía yo antes. Aunque sea triste, quizá eso sea vivir: ir olvidando, ver que mis palabras están llamando a nadie, saber que una sombra súbita agrieta la más cierta esperanza, poder tener la vida entera para vivir tantas cosas y en cambio, poseer el tiempo justo para meterlo todo en una maleta rota. Los viajes, los paseos, los libros, los ratos de silencio, las caricias, las huidas, las trampas peligrosas donde caíamos a veces, las palabras, que al final terminaban rescatándonos, el primer día, los planes para volver a vernos, una imagen de ti con el pelo mojado saliendo de la ducha, el tacto de tu piel todavía en mis dedos, las ganas de reír en plena madrugada, mis camisas, toda la música que escuchamos, lo que estuve a punto de decirte, lo que desgraciadamente, al final, callé. Todo esto acabó, aprieto tu adiós en mi mano y tu nombre se estrella contra la esquina del tiempo, sin embargo he de seguir así, diciendo cosas tuyas a la noche, abrazado a la orilla del recuerdo, llevándote en mi cienes, buscando tu presencia en cada paso. Ahora, sólo te pido un favor, no dejes que termine de leer este poema, quítame estas hojas de las manos, rómpelos y dime que nuestro adiós fue tan sólo una mentira. Pero si no es así, escóndeme tu carne para que nunca, nunca logre encontrarla…